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miércoles, 12 de agosto de 2026

🧠 Una investigación logró revertir algunas alteraciones asociadas al autismo

 El estudio, publicado en Nature Communications, apunta a un transportador de glicina llamado SLC6A20. El tratamiento restauró la actividad de los receptores NMDA y produjo mejoras en distintos comportamientos de modelos animales. Los investigadores también obtuvieron resultados en organoides cerebrales humanos.


Una investigación científica abrió una nueva línea de estudio sobre posibles tratamientos para algunas alteraciones asociadas al trastorno del espectro autista (TEA). El trabajo se centró en una proteína denominada SLC6A20, un transportador que regula los niveles de glicina en determinadas regiones del cerebro.

El estudio fue realizado por investigadores del Institute for Basic Science (IBS) de Corea del Sur, dirigidos por Eunjoon Kim, y fue publicado en Nature Communications. Los resultados se obtuvieron principalmente en ratones con mutaciones en los genes SHANK2 y SHANK3, relacionados con algunas formas genéticas de autismo y con el síndrome de Phelan-McDermid.

¿Qué intentaron modificar?

Los investigadores estudiaron el funcionamiento de los receptores NMDA, estructuras fundamentales para la comunicación entre neuronas y relacionadas con procesos como el aprendizaje y la memoria.

En estos modelos de ratón, la actividad de los receptores NMDA estaba reducida. El equipo utilizó oligonucleótidos antisentido (ASO) para disminuir la expresión de SLC6A20.

La hipótesis fue que, al reducir este transportador, podía aumentar la disponibilidad local de glicina y mejorar la activación de los receptores NMDA.

Resultados en ratones

Los investigadores informaron que la estrategia consiguió restaurar la función de los receptores NMDA en los modelos estudiados.

También observaron cambios favorables en diferentes conductas utilizadas como indicadores experimentales de alteraciones asociadas al autismo, entre ellas interacción social, comunicación social y conductas repetitivas de acicalamiento. Los resultados variaron según el modelo genético utilizado.

Uno de los aspectos que más llamó la atención fue que los efectos también se observaron en animales adultos.

Esto resulta relevante porque durante mucho tiempo una parte importante de la investigación sobre neurodesarrollo se concentró en etapas tempranas de la vida. En este caso, los resultados sugieren que determinadas alteraciones de la señalización cerebral podrían seguir siendo modificables después de etapas importantes del desarrollo.

También utilizaron tejido cerebral humano en laboratorio

El estudio no terminó en los animales.

El equipo trabajó además con organoides corticales humanos, pequeños modelos de tejido cerebral cultivados en laboratorio mediante células con mutaciones en SHANK2 y SHANK3.

En esos modelos humanos, el tratamiento dirigido contra SLC6A20 también consiguió aumentar la actividad de los receptores NMDA hasta niveles cercanos a los normales.

Un resultado prometedor, pero todavía muy lejos de un tratamiento

Los propios resultados deben interpretarse con cautela.

No se trata de una terapia disponible para personas ni de una cura para el autismo. Hasta el momento, estos resultados corresponden a modelos animales y a organoides humanos cultivados en laboratorio; no demuestran que el procedimiento sea seguro o eficaz en personas.

Además, los modelos utilizados presentan mutaciones específicas en SHANK2 y SHANK3, que representan solamente una parte de la enorme diversidad genética y biológica asociada al espectro autista. Por eso no puede asumirse que una eventual terapia dirigida a SLC6A20 funcionaría de la misma manera en todas las personas autistas.

También hay una limitación importante: los experimentos con animales utilizaron ratones machos, por lo que será necesario investigar mucho más antes de conocer cómo podrían trasladarse estos resultados a otras poblaciones.

¿Por qué es importante entonces?

Porque la investigación plantea una pregunta interesante: ¿algunas alteraciones de la comunicación neuronal asociadas a determinados tipos de autismo podrían modificarse incluso en la adultez?

La respuesta todavía no está en los consultorios. Pero los resultados obtenidos en ratones adultos y en organoides corticales humanos ofrecen una nueva pista para continuar investigando los mecanismos biológicos involucrados.

Por ahora, el próximo paso es determinar si esta estrategia puede convertirse algún día en una intervención segura y eficaz para seres humanos.




jueves, 23 de julio de 2026

El cerebro adolescente: por qué las emociones suelen ganarles a la razón

 La adolescencia es una etapa de profundos cambios físicos, emocionales y cerebrales. Durante esos años, el cerebro todavía está en desarrollo, especialmente las áreas encargadas de controlar los impulsos, planificar y tomar decisiones. Por eso, muchas conductas que los adultos interpretan como rebeldía o falta de interés tienen, en realidad, una explicación neurobiológica.

Las investigaciones en neurociencia muestran que el cerebro no termina de madurar alrededor de los 18 años, como se creía durante mucho tiempo. La corteza prefrontal, responsable del autocontrol, la planificación y la regulación emocional, continúa desarrollándose hasta aproximadamente los 25 años.

Mientras esa región sigue madurando, el sistema límbico —relacionado con las emociones y la búsqueda de recompensas— tiene una actividad mucho más intensa. Esa diferencia explica por qué muchos adolescentes reaccionan primero con las emociones y recién después logran reflexionar sobre lo ocurrido.

Cambios normales, no falta de voluntad

Durante esta etapa es habitual observar:

  • mayor impulsividad;
  • necesidad de independencia;
  • cambios bruscos de humor;
  • búsqueda de nuevas experiencias;
  • mayor influencia del grupo de pares.

Estas características forman parte del desarrollo normal y no necesariamente indican un problema de salud mental.

La importancia del descanso

Otro aspecto poco conocido es que el reloj biológico también cambia durante la adolescencia.

Muchos adolescentes sienten sueño más tarde por la noche y les cuesta levantarse temprano para ir a la escuela. La falta de descanso afecta la memoria, la atención, el aprendizaje y el estado de ánimo.

Los especialistas recomiendan entre 8 y 10 horas de sueño por noche para favorecer un desarrollo cerebral saludable.

¿Y en los adolescentes neurodivergentes?

En jóvenes con autismo, TDAH u otras condiciones del neurodesarrollo, estos cambios pueden vivirse de manera diferente.

Las dificultades para regular las emociones, la sobrecarga sensorial o los desafíos en la comunicación pueden intensificarse durante la adolescencia, haciendo especialmente importante el acompañamiento familiar, escolar y terapéutico.

Comprender que el cerebro todavía está construyéndose ayuda a reemplazar el castigo por estrategias de apoyo y enseñanza.

¿Cómo afecta esto a las familias?

La adolescencia puede ser una etapa desafiante para padres y cuidadores.

Escuchar, poner límites claros, mantener rutinas, favorecer el diálogo y evitar respuestas impulsivas contribuye a fortalecer el vínculo y acompañar el desarrollo emocional del adolescente.

Entender cómo funciona el cerebro permite interpretar muchas conductas desde una mirada más empática.

En pocas palabras

El cerebro adolescente aún está en desarrollo. Las emociones suelen tener más peso que el razonamiento porque las áreas encargadas del autocontrol todavía están madurando. Comprender este proceso ayuda a acompañar mejor a los jóvenes, especialmente cuando existe una condición del neurodesarrollo.

Qué dice la evidencia científica

  • La corteza prefrontal continúa madurando hasta aproximadamente los 25 años.
  • El sistema límbico presenta una alta actividad durante la adolescencia.
  • Dormir entre 8 y 10 horas favorece el aprendizaje y la regulación emocional.
  • El acompañamiento respetuoso y los límites consistentes favorecen un desarrollo saludable.
  • En adolescentes neurodivergentes, estos cambios pueden requerir apoyos específicos y personalizados.


lunes, 20 de julio de 2026

El cerebro social: por qué necesitamos relacionarnos para mantener una buena salud mental

 Las relaciones humanas no solo cumplen una función afectiva. Numerosas investigaciones en neurociencia demostraron que el cerebro está diseñado para vivir en comunidad y que el aislamiento prolongado puede afectar la memoria, el aprendizaje, la regulación emocional e incluso aumentar el riesgo de enfermedades. Comprender cómo funcionan estos mecanismos ayuda a explicar por qué mantener vínculos sociales saludables es tan importante para el bienestar.

Durante mucho tiempo se creyó que la inteligencia dependía únicamente de la capacidad para resolver problemas o memorizar información. Sin embargo, la ciencia descubrió que una parte fundamental del cerebro está dedicada a interpretar gestos, emociones, intenciones y comportamientos de otras personas.

Áreas como la corteza prefrontal, la amígdala, el hipocampo y el llamado sistema de neuronas espejo trabajan de manera coordinada para comprender el mundo social.

Cuando compartimos tiempo con personas de confianza, el organismo libera sustancias como oxitocina, dopamina y serotonina, relacionadas con la sensación de bienestar, la confianza y la disminución del estrés.

La soledad también deja huellas en el cerebro

Diversos estudios observaron que el aislamiento social mantenido en el tiempo puede producir cambios en el funcionamiento cerebral.

Las personas que experimentan soledad crónica presentan con mayor frecuencia:

  • dificultades para concentrarse;
  • problemas de memoria;
  • aumento de la ansiedad;
  • mayor riesgo de depresión;
  • incremento del estrés.

Incluso algunas investigaciones sugieren que la falta de interacción social durante muchos años podría aumentar el riesgo de deterioro cognitivo en la vejez.

El cerebro aprende mejor acompañado

El aprendizaje también tiene una fuerte dimensión social.

Conversar, debatir ideas, enseñar a otros o participar en actividades grupales activa múltiples redes neuronales al mismo tiempo, fortaleciendo la memoria y favoreciendo la neuroplasticidad.

Por eso los especialistas destacan la importancia de mantener espacios de encuentro en todas las etapas de la vida.

Un aspecto especialmente importante en la neurodivergencia

Para muchas personas neurodivergentes, relacionarse con otros puede representar un desafío debido a diferencias en la comunicación, el procesamiento sensorial o la interacción social.

Sin embargo, eso no significa que no necesiten vínculos.

Al contrario: contar con personas que comprendan sus características, respeten sus tiempos y generen entornos seguros puede convertirse en un factor protector para la salud mental.

La inclusión no consiste en obligar a socializar de una determinada manera, sino en construir relaciones donde cada persona pueda sentirse aceptada sin necesidad de ocultar quién es.

¿Cómo afecta esto a las familias?

Las relaciones familiares y de amistad cumplen un papel clave en el desarrollo emocional.

Generar momentos de conversación, escuchar sin juzgar, compartir intereses y respetar las diferencias fortalece la confianza y reduce el estrés cotidiano.

No hace falta tener muchos amigos. La evidencia muestra que unos pocos vínculos significativos pueden marcar una gran diferencia en la calidad de vida.

En pocas palabras

El cerebro humano evolucionó para vivir en sociedad. Mantener relaciones saludables favorece la memoria, el aprendizaje, la regulación emocional y el bienestar general. Cuidar los vínculos también es una forma de cuidar la salud.

Qué dice la evidencia científica

  • El cerebro posee redes especializadas para interpretar emociones e interacciones sociales.
  • La oxitocina, la dopamina y la serotonina participan en los vínculos afectivos.
  • La soledad prolongada aumenta el estrés y se asocia con mayor riesgo de ansiedad y depresión.
  • Las relaciones sociales positivas favorecen la neuroplasticidad y el aprendizaje.
  • La calidad de los vínculos es más importante que la cantidad.



jueves, 16 de julio de 2026

Dormir mal no solo provoca cansancio: la ciencia explica por qué el cerebro pierde capacidad para aprender

 Dormir pocas horas no solo afecta el estado de ánimo o el rendimiento durante el día. En los últimos años, numerosas investigaciones demostraron que el sueño cumple una función esencial en la consolidación de la memoria y el aprendizaje. Mientras descansamos, el cerebro reorganiza la información adquirida durante el día, fortalece conexiones entre neuronas y elimina datos innecesarios. Cuando ese proceso se interrumpe, la capacidad para incorporar nuevos conocimientos disminuye de manera significativa.

Uno de los principales protagonistas de este mecanismo es el hipocampo, una estructura ubicada en el lóbulo temporal que actúa como una especie de "memoria temporal". Durante la jornada recibe la información que vamos aprendiendo, pero es durante el sueño profundo cuando esos recuerdos comienzan a transferirse hacia otras regiones del cerebro para convertirse en memorias estables.

Diversos estudios utilizando resonancia magnética funcional y registros de actividad eléctrica cerebral demostraron que, durante las fases más profundas del sueño, se producen las llamadas ondas lentas y los husos del sueño, dos patrones eléctricos que permiten fortalecer las conexiones neuronales relacionadas con los aprendizajes recientes.

Los investigadores comparan este proceso con guardar un documento en una computadora. Aprender durante el día sería escribir el archivo; dormir correctamente sería presionar el botón de "guardar". Sin ese paso, gran parte de la información puede perderse o recordarse con mayor dificultad.

El cerebro también hace "limpieza"

Mientras dormimos ocurre otro fenómeno fundamental.

El llamado sistema glinfático, descubierto hace poco más de una década, aumenta su actividad durante el sueño profundo y elimina sustancias de desecho que se acumulan durante el funcionamiento normal del cerebro.

Entre ellas se encuentran proteínas como la beta amiloide, cuya acumulación se ha relacionado con enfermedades neurodegenerativas como el Alzheimer.

Por ese motivo, los científicos consideran que el descanso adecuado no solo favorece el aprendizaje, sino que también cumple una función protectora para la salud cerebral a largo plazo.

¿Qué ocurre cuando dormimos poco?

La evidencia científica muestra que la falta de sueño puede provocar:

  • menor capacidad de atención;
  • dificultades para aprender información nueva;
  • peor rendimiento de la memoria;
  • disminución de la velocidad de procesamiento;
  • mayor impulsividad;
  • menor capacidad para regular las emociones.

En niños y adolescentes, estos efectos pueden impactar directamente sobre el desempeño escolar. En adultos también se observan dificultades para resolver problemas, concentrarse y tomar decisiones.

Un aspecto especialmente importante en la neurodivergencia

Las alteraciones del sueño son frecuentes en personas con autismo, TDAH y otras condiciones del neurodesarrollo.

Las investigaciones muestran que los problemas para iniciar o mantener el sueño pueden potenciar dificultades ya existentes relacionadas con la atención, las funciones ejecutivas y la regulación emocional.

Por ese motivo, numerosos especialistas consideran que evaluar la calidad del descanso debe formar parte de cualquier abordaje integral.

¿Cómo afecta esto a las familias?

Muchas veces se piensa que dormir poco solo genera cansancio al día siguiente. Sin embargo, la evidencia indica que el sueño es una parte fundamental del aprendizaje y del desarrollo cerebral.

Cuando un niño o un adulto presenta dificultades persistentes para dormir, no conviene normalizar la situación. Consultar con profesionales especializados puede ayudar a identificar las causas y mejorar la calidad de vida de toda la familia.

En pocas palabras

Dormir no significa que el cerebro deje de trabajar. Todo lo contrario: durante el descanso organiza recuerdos, fortalece aprendizajes y elimina sustancias de desecho. La falta de sueño afecta la memoria, la atención y la regulación emocional, por lo que descansar adecuadamente constituye una necesidad biológica indispensable para el funcionamiento del cerebro.

Qué dice la evidencia científica

  • El hipocampo participa en la consolidación de la memoria durante el sueño profundo.
  • Las ondas lentas y los husos del sueño fortalecen las conexiones neuronales relacionadas con el aprendizaje.
  • El sistema glinfático aumenta su actividad mientras dormimos y ayuda a eliminar sustancias de desecho del cerebro.
  • La privación crónica de sueño se asocia con un peor rendimiento cognitivo y mayor riesgo de diversas enfermedades neurológicas.
  • Las alteraciones del sueño son especialmente frecuentes en personas con trastornos del neurodesarrollo y merecen una evaluación específica.


martes, 14 de julio de 2026

Trastorno Límite de la Personalidad (TLP): diagnóstico, características y tratamiento

 El Trastorno Límite de la Personalidad (TLP), también llamado Borderline Personality Disorder (BPD), es un trastorno de salud mental caracterizado por inestabilidad emocional intensa, dificultades en las relaciones interpersonales, problemas en la regulación de los impulsos y una imagen de sí mismo cambiante. Es importante aclarar que no es un “defecto de carácter” ni una falta de voluntad; se trata de una condición clínica que puede tratarse y mejorar significativamente.




Diagnóstico

El diagnóstico debe ser realizado por profesionales de salud mental (psiquiatras o psicólogos clínicos) mediante entrevistas clínicas y evaluación de la historia personal.

Los manuales diagnósticos como el DSM-5 describen un patrón persistente de inestabilidad en:

  • Las emociones.

  • Las relaciones interpersonales.

  • La identidad personal.

  • El control de los impulsos.

Para establecer el diagnóstico, los síntomas deben ser duraderos, aparecer en distintos contextos y generar malestar o dificultades importantes en la vida cotidiana.

Algunos criterios que suelen evaluarse incluyen:

  • Esfuerzos intensos para evitar el abandono real o imaginado.

  • Relaciones interpersonales muy intensas e inestables.

  • Imagen de sí mismo cambiante o confusa.

  • Impulsividad (gastos, consumo, conducción riesgosa, etc.).

  • Conductas autolesivas o amenazas suicidas.

  • Cambios emocionales rápidos y marcados.

  • Sentimientos crónicos de vacío.

  • Ira intensa o dificultad para controlarla.

  • Episodios transitorios de desconfianza o desconexión de la realidad bajo estrés.

Importante: no alcanza con tener uno o dos de estos rasgos. Muchas personas pueden experimentar algunas de estas dificultades sin cumplir criterios de TLP.

Características principales

Regulación emocional

  • Emociones muy intensas.

  • Cambios rápidos de estado de ánimo.

  • Dificultad para volver a la calma después de un conflicto.

Relaciones

  • Vínculos intensos y cambiantes.

  • Temor al rechazo o al abandono.

  • Alternancia entre idealizar y desvalorizar a otras personas.

Impulsividad

  • Decisiones precipitadas.

  • Conductas de riesgo.

  • Dificultad para detenerse antes de actuar.

Identidad

  • Sensación de no saber quién se es.

  • Cambios frecuentes en metas, valores o proyectos.

  • Autoestima muy variable.

Tratamiento

La buena noticia es que el TLP tiene tratamiento y muchas personas mejoran de manera significativa.

1. Psicoterapia (tratamiento principal)

Es la intervención con mayor respaldo científico.

Las terapias con mejor evidencia son:

  • Terapia Dialéctica Conductual (DBT/TDC): enseña habilidades para regular emociones, tolerar el malestar, mejorar relaciones y reducir conductas autolesivas.

  • Terapia Basada en la Mentalización (MBT): ayuda a comprender los propios estados mentales y los de los demás.

  • Terapia Focalizada en la Transferencia (TFP) y otros enfoques especializados también pueden ser útiles.

2. Medicación

No existe un medicamento específico para curar el TLP.

Los fármacos pueden utilizarse para tratar síntomas asociados como:

  • Ansiedad.

  • Depresión.

  • Insomnio.

  • Irritabilidad.

  • Trastornos coexistentes.

La decisión debe ser individualizada y supervisada por un psiquiatra.

3. Apoyo familiar y psicoeducación

Cuando la familia comprende el trastorno, suele mejorar la comunicación y disminuir los conflictos. Aprender estrategias de validación emocional y establecer límites claros puede ser de gran ayuda.

¿Cómo afecta esto a las familias?

Vivir con alguien que tiene TLP puede ser emocionalmente exigente. Los cambios de humor, los conflictos intensos o el miedo al abandono pueden generar desgaste en el entorno.

Sin embargo, es importante recordar que:

  • La persona no elige sentir emociones tan intensas.

  • El tratamiento adecuado puede producir mejoras reales.

  • La recuperación suele ser gradual, no inmediata.

  • El apoyo familiar informado marca una diferencia importante.

En pocas palabras

  • El TLP es un trastorno de salud mental caracterizado por inestabilidad emocional, relaciones intensas e impulsividad.

  • El diagnóstico debe hacerlo un profesional especializado.

  • La psicoterapia, especialmente la DBT, es el tratamiento con mejor evidencia científica.

  • No existe una cura instantánea, pero sí tratamientos eficaces.

  • Muchas personas con TLP logran una vida estable y satisfactoria con apoyo adecuado y tratamiento sostenido.

Qué dice la evidencia científica

  • Las terapias psicológicas especializadas reducen conductas autolesivas y mejoran el funcionamiento general.

  • La DBT es una de las intervenciones con mayor respaldo científico.

  • La medicación puede ayudar a síntomas específicos, pero no reemplaza a la psicoterapia.

  • Los estudios muestran que una proporción importante de personas con TLP presenta mejoras significativas a largo plazo.



lunes, 13 de julio de 2026

Autismo en mujeres: la ciencia busca explicar por qué miles de diagnósticos siguen llegando tarde

 Cada vez más mujeres reciben un diagnóstico de autismo en la adolescencia o incluso en la adultez. Lejos de tratarse únicamente de un aumento en la cantidad de casos, investigadores de distintos países sostienen que la ciencia recién comienza a comprender cómo se manifiesta el autismo en mujeres y niñas, un grupo históricamente subrepresentado en los estudios clínicos. Una revisión publicada recientemente en Frontiers in Psychiatry advierte que los criterios diagnósticos actuales todavía presentan limitaciones para reconocer la diversidad de perfiles del espectro autista.



Durante décadas, gran parte de las investigaciones sobre autismo se realizaron con poblaciones mayoritariamente masculinas. Como consecuencia, las herramientas de evaluación y muchos de los criterios utilizados en la práctica clínica se desarrollaron tomando como referencia ese perfil, dejando fuera formas diferentes de presentación que hoy comienzan a describirse con mayor precisión.

Los investigadores señalan que muchas niñas desarrollan estrategias para adaptarse socialmente desde edades tempranas. Aprenden a observar el comportamiento de sus compañeros, imitan expresiones faciales, preparan conversaciones antes de mantenerlas e intentan ocultar aquellas conductas que podrían llamar la atención. Este fenómeno es conocido como camuflaje social o masking.

Aunque estas estrategias pueden facilitar la integración escolar o social, también tienen un costo importante. Diversos estudios relacionan el camuflaje prolongado con mayores niveles de ansiedad, agotamiento emocional, estrés e incluso depresión.

El llamado "fenotipo femenino"

Especialistas como el psicólogo británico William Mandy y la investigadora Judith Gould plantean desde hace varios años la existencia de un fenotipo femenino del autismo, una hipótesis que intenta explicar por qué muchas mujeres no encajan en la descripción clásica del trastorno.

Esto no significa que exista un "autismo femenino" diferente, sino que algunas características pueden manifestarse de otra manera.

Por ejemplo:

  • Los intereses intensos pueden centrarse en temas considerados socialmente habituales para otras niñas, por lo que pasan inadvertidos.
  • Las dificultades sociales suelen compensarse mediante la observación e imitación.
  • El lenguaje puede desarrollarse sin grandes retrasos.
  • Muchas presentan una marcada necesidad de mantener rutinas, pero logran ocultarlo en ámbitos sociales.

Estas diferencias pueden hacer que docentes, familiares e incluso profesionales no identifiquen tempranamente las señales del espectro.

¿El camuflaje explica todo?

Los propios investigadores aclaran que no.

En los últimos años aparecieron trabajos que cuestionan la idea de que el retraso diagnóstico se deba únicamente al masking. También influyen otros factores.

Entre ellos:

  • herramientas diagnósticas diseñadas históricamente con muestras masculinas;
  • diferencias culturales y sociales;
  • sesgos inconscientes durante las evaluaciones clínicas;
  • diagnósticos previos de ansiedad, depresión o trastornos alimentarios que pueden ocultar el cuadro principal.

Por ese motivo, cada vez más especialistas consideran que el desafío no consiste únicamente en mejorar la detección del camuflaje, sino también en perfeccionar los procesos diagnósticos.

Una investigación que sigue avanzando

Los autores de la revisión publicada en Frontiers in Psychiatry destacan que todavía quedan numerosas preguntas abiertas.

No existe una explicación única sobre las diferencias observadas entre hombres y mujeres dentro del espectro. Actualmente se investigan factores:

  • genéticos;
  • hormonales;
  • inmunológicos;
  • neurobiológicos;
  • ambientales.

Comprender cómo interactúan estos mecanismos podría mejorar las herramientas de evaluación y favorecer diagnósticos más precisos durante la infancia.

¿Cómo afecta esto a las familias?

Muchas familias recorren durante años distintos consultorios antes de obtener una respuesta. En algunos casos, niñas con autismo reciben inicialmente diagnósticos de ansiedad, trastornos emocionales o dificultades de aprendizaje, retrasando el acceso a apoyos específicos.

Los especialistas coinciden en que ningún rasgo aislado confirma o descarta un diagnóstico. La evaluación debe ser integral, realizada por profesionales capacitados y considerar la historia del desarrollo, el funcionamiento cotidiano y las características individuales de cada persona.

En pocas palabras

La ciencia está revisando cómo se manifiesta el autismo en mujeres y niñas. Nuevos estudios muestran que muchas desarrollan estrategias para ocultar sus dificultades sociales y que los criterios diagnósticos tradicionales podrían no reflejar toda la diversidad del espectro. Aunque todavía quedan muchas preguntas por responder, estas investigaciones representan un paso importante hacia diagnósticos más tempranos y precisos.


Qué dice la evidencia científica

  • La revisión fue publicada en Frontiers in Psychiatry (2026).
  • Existe consenso en que las mujeres continúan estando subrepresentadas en la investigación sobre autismo.
  • El camuflaje social es un fenómeno ampliamente documentado, aunque no explica por sí solo el diagnóstico tardío.
  • Los investigadores consideran necesario actualizar y perfeccionar las herramientas diagnósticas para contemplar una mayor diversidad de perfiles.



martes, 7 de julio de 2026

Neuroplasticidad: qué dice la ciencia sobre la capacidad del cerebro para reorganizarse

Lejos de ser un concepto teórico, la neuroplasticidad es una de las bases de la neurociencia moderna. La evidencia científica demuestra que el cerebro mantiene, durante toda la vida, la capacidad de modificar sus conexiones neuronales en respuesta al aprendizaje, la experiencia y la rehabilitación. 



 Durante gran parte del siglo XX predominó la idea de que el cerebro adulto era una estructura prácticamente fija. Sin embargo, las investigaciones desarrolladas en las últimas décadas transformaron esa visión. Hoy se sabe que las redes neuronales pueden reorganizarse constantemente mediante un proceso conocido como neuroplasticidad, esencial para el aprendizaje, la memoria y la recuperación funcional tras lesiones o enfermedades. 

 Este fenómeno no significa que el cerebro pueda cambiar sin límites ni que cualquier tratamiento tenga la capacidad de "reprogramarlo". La neuroplasticidad responde a mecanismos biológicos complejos que dependen de factores genéticos, ambientales y del tipo de estimulación recibida. 


 Una herramienta clave para la rehabilitación 

 La plasticidad cerebral es uno de los pilares de la rehabilitación neurológica. Personas que atravesaron un accidente cerebrovascular, un traumatismo craneoencefálico o enfermedades neurodegenerativas pueden recuperar parcialmente determinadas funciones gracias a la reorganización de circuitos neuronales, acompañada por tratamientos especializados. 

 En el caso de personas con trastorno del espectro autista (TEA), TDAH y otras condiciones del neurodesarrollo, la neuroplasticidad también explica por qué las intervenciones tempranas, individualizadas y sostenidas pueden favorecer el desarrollo de habilidades comunicativas, cognitivas, motoras y sociales. Los especialistas aclaran que estas condiciones no son enfermedades que deban "curarse", sino formas diferentes de funcionamiento neurológico que pueden beneficiarse de apoyos adecuados para potenciar la autonomía y la calidad de vida. 

 ¿Qué intervenciones cuentan con mayor respaldo científico? 

 La investigación actual identifica varios factores asociados con una mejor capacidad de adaptación del cerebro: 

- Actividad física realizada de forma regular. 
- Sueño suficiente y de buena calidad. 
- Aprendizaje permanente de nuevas habilidades. 
- Rehabilitación cognitiva y terapias indicadas por profesionales. 
- Estimulación intelectual mediante lectura, música, idiomas o resolución de problemas. 
- Participación social y vínculos significativos. 
- Manejo del estrés y hábitos de vida saludables. 

 Estos factores no producen cambios inmediatos, pero favorecen un entorno biológico que permite al cerebro fortalecer y reorganizar sus conexiones neuronales. 

 Cuidado con las falsas promesas 

 El creciente interés por la neuroplasticidad también dio lugar a la proliferación de tratamientos que prometen "activar zonas dormidas del cerebro", "reprogramar las neuronas" o lograr recuperaciones extraordinarias sin respaldo científico.

 Sociedades médicas y organizaciones internacionales especializadas en neurología y neurodesarrollo coinciden en que estas afirmaciones deben analizarse con cautela. Hasta el momento, no existe evidencia científica de calidad que respalde terapias milagrosas capaces de modificar el funcionamiento cerebral de manera rápida o definitiva. 

 Los expertos recomiendan consultar siempre con profesionales de la salud y priorizar intervenciones respaldadas por estudios clínicos revisados por pares. 


 Un descubrimiento que cambió la neurociencia

 La neuroplasticidad representa uno de los avances más importantes de la neurociencia contemporánea. Comprender que el cerebro mantiene una notable capacidad de adaptación permite diseñar mejores estrategias de rehabilitación, educación y acompañamiento para personas con diferentes condiciones neurológicas. 

 Lejos de las promesas de cambios instantáneos, la evidencia muestra que el cerebro puede aprender, reorganizarse y adaptarse durante toda la vida, siempre dentro de los límites que establece la propia biología y con el apoyo de intervenciones basadas en el conocimiento científico.



viernes, 17 de octubre de 2025

Aspectos neurobiológicos del autismo (Parte 5)

 

Un hallazgo interesante ha sido la hipersensibilidad en las vibrisas de ratones que padecen la ausencia del gen SHANK3, causante en los humanos del síndrome de Phelan-McDermid (deleción 22q13), entidad que asocia trastornos del neurodesarrollo, autismo y compromiso sensorial, debido a alteraciones en la sinaptogénesis en interneuronas inhibidoras vía GABA. Esta podría ser una interesante explicación de la base neurobiológica de ciertas disfunciones sensoriales en el autismo. 


Conclusiones 

La comprensión de las bases neurobiológicas del autismo es compleja y no existe una única explicación que permita abarcar toda la clínica, ni se conoce un marcador biológico específico. Sin embrago, poder identificar procesos relacionados a la cognición social, a los mecanismos moleculares, inflamatorios, de neuromodulación y las bases moleculares relacionadas a trastornos sensoriales son fundamentales. Seguramente, en los próximos años partiendo de modelos clínicos y genéticos bien definidos, podremos ajustar mas claramente las bases neurobiológicas, moleculares, genéticas y epigenéticas, comprendiendo cada signo o síntoma a un proceso biológico subyacente.





jueves, 16 de octubre de 2025

Aspectos neurobiológicos del autismo (Parte 4)

 Los niños con autismo tienen baja reactividad en la mayoría de las áreas de los circuitos de la empatía, que varían de acuerdo con las pruebas realizadas y el paradigma utilizado. Se ha detectado reducción de la actividad en la corteza prefrontal dorsomedial, el opérculo frontal, la amígdala y la ínsula anterior al juzgar sobre las características de las intensiones, motivos o estados mentales de un personaje de una historia simple, incuso al tratar de inferir lo que la persona piensa o siente (decodificando la expresión alrededor de sus ojos). Otro hallazgo es el procesamiento atípico en el área posterior del sulco temporal superior y la amígdala, ante observación de caras y emociones y menor actividad al solicitarles que imiten expresiones faciales emocionales en el opérculo frontal y giro frontal inferior. Las personas con autismo frecuentemente muestran dificultades para ‘ponerle palabras’ a sus propios sentimientos, fenómeno denominado ‘alexitimia’. Incluso al observar una imagen, con alta carga emocional, muestran menor actividad durante esta introspección en la corteza cingulada posterior, el polo temporal y el área dorsal de la corteza prefrontal, en esta última también observada al intentar leer la mente de los otros9, lo cual explicaría, en parte, la afectación en el desarrollo de la teoría de la mente. Anormalidades en las minicolumnas El “sistema” cortical está conformado por módulos (unidades funcionales de la corteza), minicolumnas, minicolumnas múltiples, macrocolumnas y redes a gran escala. Las minicolumnas son unidades básicas de procesamiento, ubicadas entre las capas 2 y 6 del neocórtex, contienen 250 neuronas y son verdaderos microprocesadores. Se ha detectado en cerebros de personas autistas mayor número de minicolumnas, siendo las mismas más pequeñas, con menor número de neuronas en cada una, aunque manteniendo el número total de las mismas, especialmente en la corteza prefrontal, habiendo además menos espacio en áreas de proyecciones inhibitorias (Gabaérgicas) . Estas minicolumnas anormales alteran la conformación de los módulos, su funcionamiento y la generalización. Esto podría desencadenar mayor especificidad y menor proyección o generalización y explicar (entre otras causas) los intereses restringidos, conductas estereotipadas, preferencias sensoriales, el no poder inhibir conductas, lo que llevaría a la tendencia a sistematizar. El autismo sería el producto de la hiperconectividad focal, lo cual generaría déficit en el proceso de información, y se relacionaría con la hipersistematización, manifestándose con tendencia a analizar objetos y eventos para comprender su estructura, predecir futuras conductas, obsesiones, conductas repetitivas, intereses restringidos, etc. Esta hipersistematización puede expresarse en diversos sistemas de acuerdo al nivel mental y a sus intereses, loo cual podría estar relacionado a la afinidad de los autistas por sistemas técnicos, fenómenos naturales, numéricos, colecciones, obsesiones por temas específicos, etc. Factores inflamatorios, inmunológicos y la microglía Las microglías son células neurogliales con capacidad fagocitaria y de soporte, que forman el sistema inmunitario del sistema nervioso central. La microglía no neuronal es fundamental durante el desarrollo del cerebro, la homeostasis y la plasticidad. Su anormal activación, por fenómenos inflamatorios, puede generar trastornos del neurodesarrollo y neuropsiquiátricos. La microglía se activa ante la inflamación, la cual puede ser el resultado de una infección, de circunstancias metabólicas, (ej.: diabetes), por prematurez o incluso otros eventos neonatales, por ejemplo, el dolor. En niños con autismo se han detectado procesos inf lamatorios constantes en diferentes regiones cerebrales, con activación de microglía, lo cual permite inferir que el cerebro autista no solo está “cableado” de una manera diferente, sino que también la neuroinflamación es parte del problema. De hecho, se identificaron fenómenos neuroinflamatorios activos en la corteza cerebral, en la sustancia blanca y en el cerebelo de pacientes autistas, con activación de células de la microglia y de astrocitos. Las proteínas encontradas sugieren que el propio sistema inmunitario del cerebro (no anormalidades inmunes del exterior) y el proceso inflamatorio serían los que inician y mantienen mecanismos crónicos de disfunción en el sistema nervioso central16. El análisis del genoma ha permitido identificar alteraciones en genes que se expresan en la microglía, incluyendo marcadores del estado inflamatorio. Todos estos procesos inflamatorios pueden producir cambios epigenéticos, con modificación de la expresión de genes que afectan la sinaptogénsis4. Los neuropéptidos y su influencia en el autismo La oxitocina (OT), la vasopresina (V) y la hormona liberadora de corticotrofina (CRH) tienen acción sobre el sistema nervioso central. La OT, conocida como la hormona del placer o socialización, aumenta su secreción durante el parto, el amamantamiento, etc. e incrementa la interacción social y la relación entre madres e hijos. Se ha detectado bajos niveles sanguíneos de OT en personas con autismo y mejoría de la alerta social ante su administración por vía nasal. El gen que codifica el receptor de la arginina vasopresina (AVP) se ha relacionado con el autismo y el comportamiento social. La CRH estimula la liberación de cortisol por la médula adrenal y en niños con autismo se ha observado respuesta disminuida al cortisol a factores estresantes sociales comparado con controles. Trastorno en la inhibición neuronal. Interneuronopatías Las interneuronas se encuentran en el sistema nervioso central, son verdaderos neuromoduladores que reciben, procesan y envían mensajes a la totalidad del organismo. A través del sistema GABA y la glicina coordinan la actividad de las neuronas, silenciándolas o activándolas de manera simultánea, dando lugar a un correcto procesamiento de la información por balance entre inhibición y excitación neuronal. Generan una verdadera sincronización, facilitando la plasticidad a través de la sinaptogénesis y “la poda sináptica” de los circuitos neuronales, durante la vida post-natal, siendo fundamental en el normal funcionamiento del córtex prefrontal y del sistema corticolímbico, Un desbalance entre esta excitación-inhibición puede aparecer en enfermedades como la epilepsia. Esto nos permite inferir que las “interneuronopatías” juegan un rol importante en el autismo y la epilepsia, por ejemplo, en el síndrome de Dravet, producido por una mutación en el gen que codifica el canal de sodio de las interneuronas GABAérgicas, que presenta epilepsia y conductas autistas. Las alteraciones en el mantenimiento de las sinapsis excitadoras, la plasticidad sináptica y la depresión a largo plazo, se relacionan a una disfunción en la señalización GABAérgica y contribuyen a la aparición de comportamientos autistas. La detección de una disminución de la expresión cortical de GAD67/GAD65 en cerebros de un grupo de pacientes con autismo, sugiere una disfunción inhibitoria. 










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